Alonso y Grandál unidos por el destino

Jorge Arangure. ESPN The Magazine — En algunos días, cuando las estrellas se alinean, dos familias se encuentran por accidente en una comado de Miami o quizás en un partido de béisbol colegial.

Y cuando se encuentran, hablan de ciertos lazos que pocas familias pueden compartir.

Hace unos años, estos encuentros entre dos familias se pudieron haber dado en Cuba en uno de los colmaditos de esquina y los temas hubieran sido distintos: lo difícil que es el diario vivir y la dificultad que enfrentaban buscando comida para sus familiar. O quizás hablarían sobre el béisbol porque seguramente ese sigue siendo un hecho diario en la vida de Cuba todavía.

Pero en Miami, esas preocupaciones han desaparecido. Las conversaciones han sido transformadas y tienden a enfocarse en la jóvenes carreras de los hijos de cada familia, Yonder Alonso y Yasmani Grandal de los Padres de San Diego.

A miles de millas de distancia los dos hijos, cuyos destinos parecen estar relacionados, están en Arizona soñando pasar la próxima década en un diamange de grandes ligas juntos. La personificación del sueño cubano-americano, y el éxito que solamente fue posible por los sacrificios hechos por dos familiar que ocasionalmente y coincidentalmente, se reúnen.

Durante la temporada muerta, Grandal pasó mucho tiempo mirando los rumores de cambio de involucraban a Alonso, su entonces compañero de equipo con los Cincinnati Reds. Sería por instinto, pero Grandal estaba convencido que sus destinos estaban conectados.

“Yo sólo sabía que a donde fuera Yonder, yo iba a ir también”, dijo Grandal.

No es difícil ver el por qué ya las conexiones entre los dos jugadores son impresionantes: ambos nacieron y crecieron en La Habana. Los dos eran niños envueltos en el béisbol en la isla. Ambos se fueron de Cuba cuando eran pequeños bajo circunstancias extraordinarias y se mudaron a Miami. Ambos estudiaron en la Universidad de Miami y ambos fueron seleccionados en el draft por los Rojos, aunque dos años aparte.

“Es que parece que somos como negocio combinado dónde quiera que vamos”, dijo Grandál.

Y ese fue el caso el pasado 17 de diciembre cuando él, Alonso (junto a Edinson Volques y Brad Boxberger) fueron cambiados a los Padres de San Diego por el lanzador de 24 años Mat Latos. El destino atacó otra vez. Parecía que no se podrían escapar. Los dos eran inseparables.

De no ocurrir una lesión o cualquier otro desarrollo inpredecible, Alonso será el primera base titular de los Padres esta temporada. Aunque Alonso, a quien Keith Law pone como el 69no mejor prospecto en el béisbol, no es el típico jugador de esquina que batea cuadrangulares, los escuchas sobresaltan su habilidad de pegarle a la pelota a todos los jardines y los Padres piensas que el swing de este jugador de 24 años es perfecto para un estadio falto de ofensiva como lo es Petco Park.

Grandál, cuyas habilidades defensivas no están a la par con los destrezas ofensivas, seguramente comience la temporada en las ligas menores podría estar haciendo su debut esta temporada. El receptor incumbente, Nick Hundley, aparenta estár sembrado en esa posición para el 2012, pero los Padres no adquirieron a Grandál (número 65 en la lista de Law) para que fuera un suplente. El jugador de 23 años terminó la temporada de 2011 en la Doble A con OPS de .901 en dos niveles. Jugará en las mayores, y será pronto.

Como parte de las conversaciones internas durante las negociaciones del cambio, miembros de la gerencia de los Padres no sólo hablaron maravillas de las habilidades de los jugadores, pero también estaban impresionados con su ética de trabajo.

Estos no era los típicos ex jugadores de béisbol colegial de familias de clase media. Aprendieron el valor del trabajo y el sacrigicio en un vida en la calles humildes de La Habana y en creciendo en medio de comunidad cubana en Miami. Las familias de Alonso y Grandál no se conocían en Cuba ni tampoco en los primeros años en Miami, pero compartían experiencias similares.

Era una vida de immigrantes, una vida difícil y una que ni Alonso ni Grandál pronto olvidarán.

“Yonder siempre vió la realidad de la vida”, dijo su padre Luis. “Uno no se podía esconder de ella”.


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