Arias lleva a Cienfuegos a semifinales

El cienfueguero Osvaldo Arias siempre soñó ser protagonista de una jornada grande, de esas que todos recuerdan durante años, y hoy lo consiguió al llevar a su equipo a las semifinales del béisbol cubano.

El fornido receptor, de 33 años de edad y 17 campañas nacionales, no creyó en el glamour del pitcheo habanero y produjo las carreras que necesitaba su escuadra para alcanzar su mejor resultado histórico.

Arias, natural del municipio de Palmira, no se inmutó cuando el Habana se fue delante 1-0 en la parte final del sexto capítulo y solo unos minutos después le rechazó con violencia una recta al internacional Yadiel Pedroso y mandó la pelota sobre las cercas.

La pelota salió como impulsada por una carga de pólvora y se fue a la calle para que miles de cienfuegueros volvieran a respirar tranquilos.

El juego se extendió a extrainnings y mientras un equipo y otro desaprovechaban oportunidades, Arias aguardaba por su momento, que llegó en la parte alta del capítulo 14, luego del doblete de Yasiel Puig y del boleto intencional a José Dariel Abreu.

Miguel Alfredo González, considerado junto a Yadiel Pedroso y el villaclareño Freddy Asiel Alvarez como uno de los tres mejores pitchers del país, lanzaba por el Habana y mantenía la ilusión de los fanáticos que aguardaban un milagro en el estadio Nelson Fernández.

Sin embargo, fue la noche de Arias, quien encontró un lanzamiento alto y mandó a rodar la pelota contra la pared entre los jardines izquierdo y central, suficientes para remolcar las dos que decidieron el partido.

Siempre soñé un día así, reconoció Arias, quien admitió que esta serie aún puede reservarle mayores alegrías.

He tenido fechas mejores, con más impulsadas, con más jonrones, pero este partido fue especial y los rivales lanzadores de mucha alcurnia. Por eso considero la noche del 31 de marzo como la más grande de mi carrera.

Arias admitió que vino a batear “picado” por el boleto intencional a José Dariel Abreu, una situación que, según comentó, se hizo habitual en las últimas semanas.

Salí sin presión, pero la base a Pito Abreu fue un incentivo y cuando vi la pelota pasar sobre la cabeza del torpedero pensé que ya habíamos ganado el partido.

Cuando finalizó el choque, Arias, de 110 kilogramos de peso y 1.76 metros de estatura, se confundió entre sus compañeros, quienes no perdieron la oportunidad de felicitarlo por una jornada que tal vez no olvide nunca.

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