Dos grandes en tiempo y hazañas

Adolfo Luque & Miguel Angel Gonzalez

La década de 1910-1920 marcó el surgimiento de dos superestrellas de la pelota cubana, de dos hombres que se convirtieron en verdaderos patriarcas del deporte de las “bolas” y los “strikes”: Miguel Ángel González y Adolfo Luque. La primera coincidencia fue, -quizás-, que ambos nacieran en La Habana, en 1890.

Miguel Ángel y Luque tuvieron la suerte de nacer blancos en un mundo racista, desarrollaron prolongadas carreras en las Grandes Ligas, y en Cuba, jugaron durante décadas como compañeros de batería o en conjuntos opuestos, para dirigir finalmente a los eternos rivales: Habana y Almendares.

Conocido como “Pan de Flauta” – tal vez por lo de alto y flaco, o por su oficio de repartidor de pan en los tiempos de juventud-, Miguel Ángel González acumuló en 17 años de actuación en la Liga Nacional un promedio de bateo de 253. En todos esos años fue un receptor suplente con magnífica capacidad defensiva y un buen sentido estratégico en el juego.

En 1934, cuando se retiró como jugador activo, lo nombraron coach de los Cardenales de Saint Louis, cargo que desempeñó hasta 1946. En 1938 fue manager interino de ese equipo, con lo que se convirtió en el primer latinoamericano que dirigía una novena de Grandes Ligas en la historia del deporte.

En Estados Unidos lo recordarán siempre como el coach de tercera que le dio la luz verde -o la roja-, según quien cuente la historia, a Enos Slaughter en el séptimo y decisivo juego de la Serie Mundial de 1946.

Los Medias Rojas de Boston se enfrentaban los Cardenales de San Luis. En el octavo inning, con dos outs, los Cardenales colocaron a un hombre en
primera base, el veloz Enos Slaughter. El bateador en turno, Harry Walter, le hizo swing a un lanzamiento alto y conectó un fly que picó entre el jardinero izquierdo y el central. Slaughter avanzó hasta tercera, pero al llegar allí, el coach se dio cuenta de que el jardinero izquierdo, Ted Williams, se había demorado en devolver la pelota al torpedero Joe Pesky y le ordenó a Slaughter que siguiera hasta el home plate. Su espectacular deslizamiento les dio a los Cardenales el triunfo en la Serie Mundial de 1946.

Get the Flash Player to see this content.

Todos felicitaron al veloz corredor, sin embargo, pocos reconocieron que el coach de tercera base, el cubano Miguel Ángel González, fue también protagonista de aquella victoria.

Por su parte, Adolfo Luque tuvo una carrera brillante en las Grandes Ligas, en particular con el Cincinnati, novena para la que jugó de 1918 a 1929. En cada una de las temporadas que estuvo con los Rojos, ganó diez o más juegos y en 1923 logró el asombroso récord de 27 victorias con solo ocho derrotas, y un promedio de carreras limpias de 1,93, en lo que constituye una de las mejores actuaciones que un pitcher haya realizado jamás en las Mayores. Luque se convirtió en el ídolo de Cuba.

En Estados Unidos se le conocía como “Havana Perfecto” o “The Pride of Havana”, en inevitable referencia a populares marcas de tabacos cubanos. Pero en Cuba su apodo era “Papá Montero”, nombre de un bailarín y chulo legendario oriundo de Sagua La Grande, al que poetas y compositores inmortalizaron en sus obras.

En sus 20 años de carrera deportiva, Adolfo Luque ganó 194 juegos en la Liga Nacional, el mejor resultado de un lanzador cubano en las Mayores hasta la llegada de Luis Tiant (hijo). En Cuba, su récord fue de 93 victorias y 62 derrotas, en 22 años.

El “Havana Perfecto” o “Papá Montero”, hizo hazañas como jugador, y también como manager en Cuba y México. Sin embargo, su nombre no figura en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Lo cierto es que Miguel Ángel González, como receptor, y Adolfo Luque, como pitcher, contribuyeron a que existiera en Cuba una Edad de Oro para el béisbol. Aunque el primero actuaba con tenacidad y paciencia, y el segundo – totalmente diferente- con agresividad e ímpetu, ambos quedan en la memoria, en los libros, como dos grandes que hicieron del terreno su casa, y de la pelota, su pasión. Sin dudas, dos vidas que transcurrieron entre hits y fildeos, entre las bases y los jardines, entre bolas y strikes.

Related posts

Deja un comentario