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El béisbol como mi parcela segregada en Cuba

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Por Jesús Hernández Villapol.

Hace algunos días se dio a conocer que los peloteros cubanos que juegan en el béisbol de Grandes Ligas no serán elegibles para integrar la selección nacional al Clásico Mundial del próximo año, noticia que ha tenido elevada impopularidad entre la afición.

Antonio Becali, Presidente del Instituto Nacional de Deportes, señaló: “Cuba continuará con nuestros atletas. Eso es algo que mantenemos como principio indisoluble”…“Nuestros atletas que están dentro del sistema deportivo cubano y las ligas nacionales son los que nos representan en eventos internacionales”, insistió el funcionario.

¿Por qué ese tradicional conservadurismo de los encargados de regir el deporte en general y del béisbol en particular, para asimilar los nuevos tiempos?

Entre la afición se escuchan frases como absurdo, pensamiento obsoleto o retroceso. Resulta contradictorio que no se pueda solucionar esa problemática de índole deportivo en un país que sirve como mediador en el proceso de paz en el histórico conflicto entre el gobierno y la guerrilla de Colombia o que acogió el diálogo entre la alta cúpula de las iglesias católica y ortodoxa rusa, representadas por el Papa Francisco y Kirill (Cirilo), “primer y único encuentro entre los líderes de dos de las principales ramas del cristianismo desde que ambas se separaron en el año 1054”.

Y no estamos hablando de la década del 70 del pasado siglo, estamos en plena efervescencia de la visita del primer Presidente estadounidense a Cuba en más de 80 años y a poco más de un año de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, que propició que en acto de buena voluntad de la MLB, estrellas cubanas que brillan en la Gran Carpa, como Yasel Puig, José Dariel Abreu y Alexei Ramírez visitaran la isla y hasta realizaran clínicas de entrenamiento con niños.

El deporte ha estado siempre varios pasos detrás en cuanto a cambios y nuevas concepciones, nunca olvidaré que vi hace algunos años al ya fallecido campeón mundial de boxeo Roberto Balado en bicicleta por La Habana, cuando músicos de dudosa calidad rodaban bellos automóviles.

No está muy alejado de la realidad el voleibolista Michael Sánchez “El ruso”, que actualmente se desempeña en la Liga Profesional de Corea del Sur, quien declaró “que a veces, medio en broma, medio en serio, en los entrenamientos comentaban que en Cuba, mejor eres reguetonero que voleibolista”.

Se escucha con frecuencia de fuentes oficiales: “Debemos trabajar sobre los errores del pasado para construir un mejor país”, sin embargo se vuelven a repetir los mismos desatinos. El resultado: en el año 2015 hubo aproximadamente 150 deserciones de jugadores de béisbol, sin contar las de otros deportes.

Esa negativa de permitir a los peloteros cubanos que juegan en Grandes Ligas integrar la selección nacional para el Clásico Mundial entra en contradicción con la buena noticia de que músicos de la Mayor de las Antillas que residen en el exterior, entre ellos Aymée Nuviola, con el disco de sugerente título “El regreso a La Habana”; hayan sido nominados a los Premios Cubadisco 2016 como lo exigen los nuevos aires.

También con que Tomás Sánchez, uno de los pintores cubanos de mayor proyección internacional, radicado en Estados Unidos, primero y ahora asentando en Costa Rica, realizó una exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes el pasado año como parte de la Bienal de La Habana, en clara convicción de lo que debe ser: rescatar a los cubanos donde quiera que se encuentren.

Si todos somos cubanos, qué argumento puede haber para que el talentoso bailarín Carlos Acosta funde una compañía de ballet en su patria después de haber triunfado con agrupaciones inglesas o de Estados Unidos, cuando se niega a Kendrys Morales, Yoenis Céspedes o Aroldis Chapman representar a su país en el Clásico.

¿Es o no el béisbol parte de nuestra cultura? o son las parcelas dentro de un país que mucho daño le hacen al desarrollo de la sociedad cubana.

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