Estelares reencarnan en la figura de Yasiel Puig

La edición Dorada de la Liga beisbolera cubana muestra hoy entre sus principales atracciones individuales a Yasiel Puig, patrullero de cualquiera de los tres bosques defendidos por la manada de los Elefantes de Cienfuegos.

Por el número 14 de su camiseta verdiblanca y la forma de empuñar el madero, enseguida trae a la memoria de muchos la figura del pinareño Luis Giraldo Casanova, cuyo alias de Señor Pelotero resulta eterno pasaporte a la fama en el deporte-pasión de esta isla caribeña.

Quienes ponderan el carácter explosivo que asume cuando pisa un diamante ya ven en el joven de 20 años el sucesor del mítico Víctor “El Caballo Loco” Mesa, jugador de la vecina provincia de Villa Clara y puntal del equipo nacional durante 15 temporadas.

Encuestado al respecto por Prensa Latina, Iday Abreu, manager del Cienfuegos, consideró que en Puig coinciden las estampas beisboleras de Mesa y el malogrado matancero Lázaro Contreras.

Como un atleta excepcional, capaz de llegar a la cima, lo definió el director del equipo revelación del torneo, el único que juega muy por encima de 700 de average.

Tanto el “Showman” Víctor como Contreras defendieron la pradera central de la selección mayor de Cuba y esa es la parcela preferida por el jugador que empaca sus 103 kilos de peso en un metro y 86 centímetros de estatura, “aunque el médico del equipo quiere llevarme hasta los 109”.

“Me gusta jugar en el medio porque le sacó mayor provecho a mi desplazamiento”, comenta el mozalbete que le llega sin aparente esfuerzo a conexiones sobre las cuales otros outfielders se las ven canutas.

Si la frase no estuviera tan gastada por el sobreuso en los medios, podría decirse sin temor a equivocación que Yasiel es uno esos peloteros a quienes el terreno les queda demasiado pequeño.

La mayor parte del público que abarrota el parque 5 de Septiembre de esta ciudad portuaria, 250 kilómetros al sureste de La Habana, va a deleitarse con la elegancia de sus fildeos, la potencia certera del brazo y los bazucazos con que castiga a los lanzadores rivales.

Y a la réplica de Víctor Mesa que consideran tener en casa ya la gradería le pide a coro un robo del home, como aquellos de la década de los 80 con los cuales el mejor número 32 de la pelota cubana comenzó a tejer su leyenda de fuera de serie.

A Puig le hubiera agradado vestirse con aquella misma cifra en su espalda de estibador, pero cuando llegó en 2008 a la nómina de los Elefantes el guarismo ya hacía rato tenía dueño: el lanzador zurdo y campeón olímpico de Atenas 2004 Norberto González.

Entonces optó por volver a sacarle brillo al 14, jubilado por Luis Giraldo de la porción aritmética del béisbol nacional.

Coincidió además que uno de sus paradigmas en activo es el tolero Yoandri Urgellés, actual bateador designado del campeón Industriales, en cuyo dorsal azul también campea el siete multiplicado por dos.

“Con el 14 jugué el Campeonato Mundial Juvenil de Canadá (2008) y con él voy a hacer historia en Cienfuegos” y deja zanjado el tema con el mismo desenfado de su verbo popular y la astucia de quien va a estafar la almohadilla más cercana.

Entonces recuerda que el fue el jardinero central del Todos Estrellas de aquella cita mundial junior, donde coincidió con su coequipero Erisbel “El Grillo” Arruebarruena, un espigado torpedero cuyas manos a diario sacan pelotas de la chistera.

Y también fue compañero de otro parador en corto que ya hizo el grado en la selección absoluta, el villaclareño Aledmis Díaz.

En un partido de la actual temporada en casa ante los Vaqueros de La Habana puso de pie al respetable al tirar al plato y matar un intento de pisa y corre desde una distancia desde la cual casi todos los jardineros centrales optan por ahorrarse el disparo.

Como si quisiera restarle importancia a un tiro digno de Guillermo Tell a la mazana filial, saca a relucir “los 15 outs que metí en las tres bases cuando el Mundial Juvenil”.

Yasiel Puig no es perfecto, sí lo fuera a lo mejor no tuviera al público metido en el bolsillo a tan temprana edad. La temporada anterior debió ver la Liga desde las gradas porque su disciplina en el entrenamiento anduvo divorciada del talento.

En la presente, apenas transcurrido el primer tercio, su nombre aparece entre la decena de lujo en seis acápites ofensivos: comparecencias al bate (5), anotadas (10), hits (7), triples (2), total de bases (8) y bases robadas (5).

¿Para quién juegas?, inquiere el cronista mientras en la despedida estrecha la mano del terrible elefante de la pelota cubana.

Como si sacara la macana ante una recta de 90 millas al costado suelta el latigazo verbal: “Para el equipo, para mi y, lo confieso, un poquito pensando en la grada”. De ese polvo de gracia también están hechas las estrellas.

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