Fermín Laffita. El galgo del jardín central

Corría el año 1964 cuando vi jugar por primera vez a quien se convertiría años más tarde en uno de los mejores exponentes del béisbol cubano: Fermín Laffita.

Al regresar al hogar allá en Santiago de Cuba, después de un partido beisbolero con los que dirimíamos confrontaciones de alta calentura, mi padre me deparó esa gran sorpresa.

Con expectación observé por la televisión el desarrollo de aquel partido juvenil en el Estadio Latinoamericano, y el bisoño no hizo quedar mal a mi progenitor: conectó dos imparables y atrapó al pecho todo lo que le batearon.

En definitiva, aquel jardinero central venido al mundo el 9 de marzo de 1946 tuvo un desarrollo tan ascendente, que ya en 1965 defendió en su lejana posición la franela de Orientales en la quinta Serie Nacional de Béisbol.

Y no pasó inadvertida aquella experiencia inicial de un hombre que pulsaba sus muñecas con destreza y era veloz en el corrido de las bases.

Se desempeñaba al campo con tal prestancia, que muchos lo llegaron a comparar con Antonio Ñico Jiménez y el matancero Rigoberto Rosique, quienes ya entonces sentaban cátedra en el patrullaje del campo central.

Laffita, atleta modesto y de configuración fornida, desgranaba calidad en cada una de sus presentaciones. Solía partirle a los batazos guiado por el sonido del bate, su desplazamiento era colosal, y sus tiros de aire al plato se convirtieron en la comidilla del respetable.

Ya en la sexta Serie Nacional, fue él quien dio el golpe de gracia a los Industriales con aquel texas en el séptimo capítulo, que picó delante del jardinero derecho capitalino Agustín Marquetti, y determinó el marcador de 3-0 final el memorable 12 de marzo de 1967, en el que Manuel Alarcón lanzó el juegazo de su vida.

Vendrían entonces aquellas confrontaciones de menores de 23 años contra escuadras mexicanas, así como los Juegos Panamericanos de Winnipeg-1967, en los que Laffita tuvo papeles protagónicos al concluir con .387 de average.

Dos años después integró la selección cubana al Mundial de República Dominicana en el que concluyó de líder impulsor (16) y jonronero (3); de ahí que nadie más adecuado que Rosique, el Curro y él para amasar llenos de alborozo la copa que validó la Victoria cubana.

En el contexto doméstico, Laffita siempre se comportó a la altura de su calidad. En la segunda versión de la serie de 99 juegos en 1968-69 su promedio de .299, contra múltiples lanzadores estelares al frente, fue un catalizador de su grandeza.

Tómese en cuenta que en la etapa 1968-71, lideró las bases por bolas intencionales (15) y golpeados por lanzamientos (10) así como las carreras impulsada en 1970 (44). Igualmente, ocupaba lugares de avanzada en las principales columnas ofensivas de nuestros torneos.

Pero si su ofensiva fue destacada, la defensa era de otra galaxia. Imagínese un hombre que realice 120 asistencias desde el jardín central, o que desde allí haya participado en 27 doble matanzas, que en su mayoría fueron en tiros de aire hasta la mascota del receptor Ramón Hechavarría.

Fue, sin embargo con los Cafetaleros de la XIV Serie (1975) que Fermín Laffita, ya en medio de una fructífera veteranía, estableció una increíble marca para aquellos tiempos de .396 producto de 55 indiscutibles en 139 veces al rectángulo.

Muchos fueron sus momentos cenitales en el terreno de juego, tales como el jonrón conectado en Nicaragua en el Campeonato Mundial de 1972, previo al estacazo de Agustín Marquetti el dos de diciembre que decidió el choque a favor de Cuba.

El estelar jardinero quizás demoró su retiro demasiado hasta que compiló sus 20 temporadas; eso afectó sus estadísticas que exhiben un promedio de .279 general con 568 empujadas y mil 315 inatrapables en 4 mil 712 oportunidades. Su excelsa defensiva quedó en .985.

Fermín Laffita Peripiche, quien se retiró en 1986, fue invitado al encuentro del equipo cubano contra el Baltimore, de la pelota rentada estadounidense, el 28 de marzo de 1999 en el Estadio Latinoamericano, y su fallecimiento tuvo lugar en Santiago de Cuba, dos días después debido a un infarto masivo del corazón.

Laffita ha sido un referente en la defensa del jardín central en la pelota cubana.

Fuente: Prensa Latina

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2 Comments

  1. Reinaldo Tuero

    Lo considero uno de los Grandes del Jardin Central, tuve la suerte de verlo desde su debut y realmente era una estrella ( soy Industrialista 10000% )jugó en la misma época de otros grandes del jardin central como Ñico Jimenez y Rigoberto Rosique, pero Laffitta era mas completo, ellos comenzaron el legado que mas tarde tomarian Reinaldo ” Mantecao ” Linares; Sandalio Hermandez, Silvio Montejo, hasta llegar al para mi el mejor de todos Victor Mesa

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