Holanda sepulta sueños de Cuba en Clásico Mundial

Outfielder Kalian Sams #35 of the Netherlands runs after hitting a solo homer to make it 14-1 in the top of the seventh inning during the World Baseball Classic Pool E Game Five between Netherlands and Cuba at the Tokyo Dome on March 15, 2017 in Tokyo, Japan. (Matt Roberts / Getty Images)
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De la manera más cruel posible, Holanda sepultó los sueños de Cuba en el IV Clásico Mundial de béisbol al imponerse por paliza de 14-1, KO en siete entradas.

Con ese triunfo, los tulipanes aseguraron su presencia en semifinales, aunque para saber su posición final en el grupo E deberán esperar por el resultado del partido entre Japón e Israel, previsto para dentro de unas horas.

Cuba se despidió de la peor manera del certamen: dejando a la vista de todos las enormes carencias de la pelota que se juega en la isla, distante años luz del nivel de la edad de oro de la Serie Nacional.

La historia comenzó gris para los cubanos desde el mismo primer capítulo, cuando Wladimir Balentien, como sin quererlo, disparó cuadrangular de tres carreras por el jardín izquierdo contra el abridor Lázaro Blanco, el líder del staff.

No habían pasado ni 10 minutos del partido y ya Cuba perdía por 0-3. El sueño de clasificación de Cuba comenzaba a diluirse en el terreno de los imposibles. La fuerza mental de los jugadores caribeños sería vital para una presunta remontada.

Pero la voltereta nunca llegó en el Tokio Dome. Al contrario, Holanda empalmó el mazo y se dio gusto dando líneas de todo tipo y color, y dimensiones, ante cuanto lanzador escaló la lomita de los martirios.

Los tulipanes, semifinalistas en la III edición del Clásico, en 2013, fabricaron otra carrera en el segundo inning y otras tres en el cuarto, en las que influyeron el segundo jonrón en el partido de Balentien y otro de Yurendell Decaster, enorme, panorámico, entre los jardines izquierdo y central.

Trascurrido apenas un tercio del partido las cosas marchaban cuesta arriba para Cuba. Descontar siete anotaciones era una quimera. El pitcheo cubano hacía aguas. La ofensiva de Holanda parecía la de los New York Yankees de la década de 1920, excepcional. La humillación tuvo un nuevo capítulo en el cuarto. Allí, los europeos fabricaron interminable rally de cinco carreras y pusieron el cotejo 12-0, marcador de fuera de combate.

Toda la penuria de los cubanos continuó en la quinta entrada, aunque no fue a mayores porque los holandeses solo pudieron pisar una vez el plato y se quedaron a solo dos carreras del humillante Super-KO, algo que los caribeños jamás han sufrido.

A modo de maquillaje, Cuba fabricó una anotación en el final del quinto inning, al ligar par de dobletes de William Saavedra y Víctor Mesa Jr.

La última arremetida de la artillería holandesa llegó en el séptimo episodio, cuando el noveno bate del lineup se sumó a la fiesta y sacudió kilómetro bambinazo a más de 400 pies, por encima de las bardas del central.

El crédito de la victoria correspondió a Diegomar Markwell, una bestia negra de Cuba en los últimos años. El zurdo trabajó seis entradas completas, en las que permitió una carrera y cuatro hits, entre ellos par de dobles.

Para Markwell fue la segunda victoria contra Cuba en Clásicos Mundiales, con un revés.

Los mejores bateadores fueron Balentien (de 4-3, dos jonrones y cinco impulsadas), Jurickson Profar (de 4-3, un remolque y dos anotadas), y Yurendell Decaster (de 4-2, cuatro empujadas).

Así, los cubanos se despidieron sin victorias de la segunda ronda y dejaron una imagen tétrica, aunque algunos todavía recuerdan que el objetivo de la delegación se había cumplido, tras superar la fase inicial.

Holanda, por su parte, ya tiene los pasaportes a las semifinales de Los Ángeles, en el Dodgers Stadium.

Post source : Prensa Latina

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