Iglesias le agregó candela a Detroit

Jose Iglesias #1 of the Detroit Tigers runs onto the field at the start of the game against the Chicago White Sox at Comerica Park on August 2, 2013 in Detroit. (Leon Halip/Getty Images)

En las calles de La Habana, a finales de la década de los años ’90, Candelario Iglesias pasaba horas conectándole rollings a su hijo José, de seis años de edad, a una corta distancia, que obligaban a su primogénito a hacer magia con la bola.

A “candelita” no le era permitido fallar, ni salir corriendo como forma de escape de esas rígidas jornadas de entrenamiento. La verdad es que a él tampoco le interesaba desaparecerse, porque desde esa edad el beisbol era su mundo.

Fue así como el hoy miembro de los Tigres de Detroit, Jose Iglesias, se comenzó a forjar como campocorto, posición en la cual empieza a despuntar y en la que le ha ofrecido solidez y consistencia a su nuevo equipo.

“Cuando tu hablas de un muchacho como él y en la misma oración utilizas el nombre de Ozzie Smith y Omar Vizquel es porque tiene que ser especial. Este muchacho defensivamente es especial”, dijo Rafael Belliard, coach de primera e instructor de los infielders en los Tigres.

La expresión de Belliard la repiten muchos otros en estos momentos, cada vez que ven jugar al cubano, a quien finalmente se le brindó la oportunidad de jugar a diario en Grandes Ligas, tras pasar la mayor parte de los últimos tres años y medio en las sucursales de ligas menores de los Medias Rojas de Boston, organización que lo firmó para el profesional, tras abandonar cuba en 1999.

Las lecciones de su padre le permitieron a Iglesias tratar la bola como a una dama, con delicadeza, y manejarla como un mago, con rapidez para desprenderse de ella sin que sea perceptible a la vista le momento en el que del guante se la pasa a la mano y lanza.

“Mi papá me enseñó eso a jugar con la pelota. Cada vez que él me bateaba, en una distancia muy, muy cortica, yo lo que hacía era jugar con la pelota, hacer cosas con el guante y con la mano. Era algo natural”, recordó Iglesias.

Los Tigres obtuvieron al joven campocorto, quien debutó en las mayores en el 2011, de los Medias Rojas, en un cambio en el que también estuvieron involucrados los Medias Blancas de Chicago.
La transacción, en la que Detroit se desprendió de Avisail García y de Brayan Villarreal, se realizó el 30 de julio y fue producto de la necesidad de los bengalíes de resguardarse las espaldas en el shortstop ante la inminente suspensión de su titular, Jhonny Peralta, por uso de sustancias prohibidas.

La llegada del cubano ha hecho mejor la defensa de los Tigres y los principales beneficiarios son los lanzadores, que por respeto a la labor de Peralta prefirieron no hacer comentarios on the récord al respecto. Pero tampoco hacen falta si se le ve jugando a diario y se observa todo el terreno que es capaz de cubrir, además de la seguridad con las que hace sus jugadas y la chispa que le impone a la acción.

Para Iglesias, sin embargo, ha sido como si toda su carrera hubiera estado jugando con los Tigres.

“Solo Dios sabe si esta es la oportunidad correcta. Pero sí me siento muy cómodo con esta organización, con este equipo y me siento cómodo jugando en la posición en la que siempre he jugado”, dijo el cubano, quien antes de ser transferido a Detroit estaba jugando en la tercera base de los Medias Rojas, por la necesidad que Boston tenía en esa posición.

Pero sus primeros días en los Tigres también transcurrieron como defensor del tercer cojín, debido a la lesión de Miguel Cabrera en el lado izquierdo de su cadera y que también afectó la parte baja de la zona abdominal.

La transición de posiciones no fue fácil para Iglesias, aun cuando en el terreno lucía como si hubiera estado en ella durante toda su vida.

“Me siento cómodo con mi guante, pero si tuve que hacer ajustes en tercera base, porque es completamente diferente, aunque siga en la parte izquierda del infield. Leer los rollings es diferente, las situaciones y eso. Pero fue una oportunidad para poder jugar en Grandes Ligas y ayudar al equipo. Lo hice con mucho cariño, con mucho amor y respeto”, aseguró Iglesias, quien desde la primera vez que vistió un uniforme de beisbol había estado como campocorto.

El cubano ha encajado de forma perfecta en el ambiente y estructura de los Tigres, razón por la que se le ve siempre sonriendo y bromeando con sus compañeros. Incluso, la gran figura del equipo, Miguel Cabrera está constantemente encima de él gastándole bromas, al igual que lo hacen Víctor Martínez y Brayan Peña.

Tal situación le hace reforzar la confianza en sí, razón por la cual asegura que no hay nada que él le deba demostrar a los Tigres, sino a él mismo de que puede actuar todos los días y a un máximo nivel de rendimiento en Grandes Ligas.

Su objetivo lo ha dejado plasmado en su desenvolvimiento en el terreno de juego, donde al verlo no se puede pensar en que se está observando a un hombre de 23 años de edad, que todavía es un novato en las mayores.

“Creo que esa confianza, esa seguridad viene del juego diario. He estado jugando beisbol toda mi vida, he tenido que hacer ajustes en Grandes Ligas, como todo el mundo ha tenido que hacerlos, porque es un beisbol bastante fuerte”, dijo “Candelita”, apodo que le impuso su familia como diminutivo del nombre de su padre, Candelario, quien nació un 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria.

Ese sobrenombre, sin embargo, también tiene que ver con la actitud tremenda, extrovertida e irreverente de José, quien ha jugado en el campocorto desde la primera vez que vistió un uniforme de beisbol.

“Un día cuando tenía seis años, mi papá me llevó para el equipo de un amigo, era la primera vez que yo iba a estar con un equipo. Entonces mi papá le dijo a su amigo que viera jugando en el shortstop, pero en el equipo ya había un shortstop y no me querían a mí. Pero mi papá insistió hasta que en la práctica su amigo que puso en el campocorto y me dio unos rollings, después que terminó le dijo a mi papá que me dejará, que yo iba a ser su nuevo shortstop. Desde ese momento lo único que he hecho es jugar en el shortstop”, contó Iglesias, quien tuvo como ídolo a Germán Mesa, uno de los mejores torpederos en la historia del beisbol cubano y quien jugó con los Industriales, en la pelota isleña, donde lo conocían como el “Imán”.

Aunque es la defensa la principal carta de presentación de Iglesias, ya que “tiene una gran sincronización de manos y pies, sabe dónde ponerse; sus manos son suaves y seguras, además se deshace de la bola rápido, tiene un cañón de brazos y unos instintos excepcionales”, según Belliard; su ofensiva no se ha quedado atrás esta campaña.

El cubano, quien en las menores dejó promedio al bate de .257 en tres temporadas y media, tiene este año en Grandes Ligas average de .316, con diez dobles, dos triples, dos jonrones, 22 carreras remolcadas y 29 anotadas.

Esa producción ofensiva ha sido un plus que le ha dado más valor a su juego, aun cuando en Detroit lo que sobra es ofensiva.

“Todo el mundo sabe que para algunas personas, quizás no para Miggy y esos muchachos, que son fuera de lo normal, pero normalmente la gente sabe que el bate es lo último que llega, especialmente para nosotros que subimos tan jóvenes a Grandes Ligas, por nuestra defensa y por nuestro talento. A veces tienes que hacer ajustes en Grandes Ligas y es un poco más complicado, pero me siento cómodo”, dijo Iglesias, quien identificó lo que podría ser en estos momentos la clave de su rendimiento ofensivo: “Lo que ha estado presente ha sido la consistente. Creo que es lo mas importante. Desafortunadamente no siempre vas a estar así de bien, pero si te mantienes consistente con tu plan, con tu rutina, eventualmente eso te va a ayudar y es lo que me ha pasado”.

Incorporarse a los Tigres le ha permitido a Iglesias agudizar su instinto ganador e impregnarse de esa atmósfera cazadora de sus compañeros, que es capaz de elevar su juego a otro nivel.

“Lo que más me ha sorprendido aquí ha sido el deseo de ganar. Tenemos un equipo que quiere ganar. Tenemos figuras que quieren ganar, no solo que quieren tener resultados, sino que quieren ganar y hacen lo que sea para ganar y eso me ha impresionado mucho, me ha motivado más” expresó Iglesias, quien agregó: “Eso alimenta el hambre de hacer las cosas bien en el terreno. La victoria al final del día depende de un conjunto de pequeñas cosas. Creo que cuando haces las pequeñas cosas haces algo para ayudar al equipo a ganar ese día”.

Ese impulso, así como el que le dio cada una de las lecciones de su padre en las calles de La Habana, lo puede ayudar a expandir el desarrollo en cada una de las áreas de su juego, que hasta el momento ha dejado a todos boquiabiertos en el campocorto.

Publicado en espndeportes.com por Billy Russo.

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