José Dariel Abreu busca su mejor arma

Jose Abreu #79 of the Chicago White Sox poses for a portrait on photo day. (Rob Tringali/Getty Images)

La Majagua es un árbol que crece en Cuba, en la misma región que lleva su nombre. No es muy alto, su tamaño promedio es entre 12 y 14 metros (39 y 45 pies). Tampoco es muy ancho, su diámetro está alrededor de los 40 centímetros. Su madera es fuerte y resistente como pocas y los bates que se hacen de ella son “increíbles”, según cuentan.

Aquí, en Estados Unidos, en el béisbol de Grandes Ligas, no está permitido el uso de bates hechos de esa madera, que con añoranza y lamento recuerda José Abreu.

Ahora el primera base de los Medias Blancas de Chicago no solo está tratando de adaptarse al estilo de vida de este país y al nivel del béisbol profesional de aquí, sino que también está en el proceso de encontrar a ese nuevo compañero de batallas que lo ayudará a sembrar terror en los rivales y a disparar cohetes hacia todos los rincones del terreno y las gradas.

“Es bien difícil es coger un bate y estar con una compañía de bate, porque todo el mundo quiere darte lo máximo que ellos tienen para que estés con ellos. Yo le doy gracias a toda esa gente, que de una forma u otra, han confiado en mí. He probado con varios, pero todavía no he encontrado uno con el que me sienta completamente cómodo, eso es muy importante”, dijo Abreu a ESPNdeportes.com antes de agregar: “Eso es como ir a la guerra, si vas a la guerra y no tienes un arma buena es difícil sobrevivir. Así es con los bates aquí, si no tienes un bate bueno no puedes darle duro al pitcher”.

En las primeras de cambio, en su primer contacto con Grandes Ligas y sus lanzadores, Abreu ha podido sortear la falta de ese madero ideal con el cual espera contar para cuando arranque la temporada.

En 12 juegos en el spring training, el cubano registra promedio de .308, con dos dobles, dos jonrones y nueve carreras remolcadas. Nada mal para alguien que está en un proceso de adaptación, tras salir de Cuba hace ya casi un año, y aún no encuentra su arma perfecta.

Las compañías Chandler y Marucci, dos de las empresas con licencia para crear bates permitidos en Grandes Ligas, están luchando para ver cuál de ellas hace el bate que mejor se adapte a las exigencias de Abreu.

“Me han tratado muy bien, me han ayudado mucho, pero todavía no me he decidido por una, ni por un tipo de bate. Lo que sí es que va a ser de madera canadiense. Cuando estaba en Cuba, tenía un amigo pastor que también me daba bates de esa madera y eran muy buenos”, dijo el inicialista de Chicago, quien se ha quedado asombrado por las ofertas de bates que le han presentado en Estados Unidos. “Todos sabemos que Cuba no es un país desarrollado y uno allá tenía que utilizar el bate que la vida te diera en ese momento, o que la vida te regalara. Los que más me gustaban a mí, eran los de la Majagua, allá eran legales, pero aquí no se puede”.

Abreu deja claro que la búsqueda de los bates con los que irá a batallar a la temporada, su primera en Grandes Ligas, es parte del proceso por el cual está atravesando y del que se está acostumbrado. Por lo que no hay razón para pensar que esa situación lo pueda afectar, pues al final no es el instrumento sino quien lo porta lo que marca la diferencia y determina el éxito.

El cubano ha causado sensación desde el momento de su firma y presentación con los Medias Blancas, pero nada como el impacto que ha creado dentro del equipo por su ética de trabajo y su inteligencia como bateador, lo que de entrada ha quedado demostrado en la pretemporada, que recordemos es una época de ajustes para todos.

Esa disposición y cualidad le ha permitido a Abreu que su asimilación, especialmente ofensiva, con el nuevo mundo al que se adapta sea menos difícil de lo que pensaba en un principio.

“Hasta ahora no me ha costado nada. Lo que te pone chiquito y lo que te hace grande es la mente. Yo voy con mi mente muy tranquila y concentrado para que nada me cueste. Hasta ahora así ha sido”, expresó el inicialista.

Parte de los elogios que ha recibido Abreu han sido por la madurez con la que va al home plate, siempre con un plan, siempre con un propósito, más allá, obviamente, del de darle a bola.

La raíz de esa previsión y de esa preparación con la que asume cada turno la develó el cubano, quien mide un metro 92 centímetros (6’3″) y pesa 116 kilogramos (225 libras).

“Soy un estudioso de lo que es el béisbol y miro mucho a los peloteros que han triunfado en este béisbol y si ellos tienen un plan, entonces tu tienes que buscar un plan también”, expresó Abreu.

A él, todavía, no le ha tocado enfrentar los reportes ni el bombardeo estadístico que las organizaciones de Grandes Ligas le ofrecen a los bateadores para prepararse y analizar a sus rivales durante la temporada. Sin embargo, ya tiene creado un sistema.

“Partido a partido me hago un scouting, aunque no soy profesional en eso, pero me lo hago de las cosas que tengo que trabajar, de las cosas buenas que hice y de las malas. De las malas lo que saco es la parte positiva, que es lo más importante”, dijo Abreu, quien agregó: “Ahorita he estado viendo bastante videos, de los partidos, de las prácticas de bateo. Veo muchos de los videos en los que he estado bien y en los que he estado mal. Eso lo hago para ir cogiendo el ritmo que quiero para comenzar la temporada”.

El cubano se ha preparado y ha puesto su máximo empeño para alcanzar el éxito que se le ha pronosticado. Su trabajo, hasta el momento, lo ha puesto en posición de lograrlo y hacer valer cada dólar de los 68 millones por los que el equipo lo firmó.

Publicado en ESPNDeportes.com por Billy Russo.

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