Kendrys ve los frutos de su persistencia

Jim Caple – ESPN.com. La lesión no hubiera ocurrido en años atrás.

Antes el término era “hit dorado” en vez de “dejarlos en el terreno” y la reacción, aunque sería una celebración, no sería tan agitada. Los equipos de béisbol juegan 162 partidos cada temporada y, como más de un mánager ha dicho antes, tus emociones no pueden ganarte.

Tan dramática como fue la victoria de los Angelinos de Los Angeles ese día, no era la Serie Mundial. Fue una victoria en mayo sobre los Marineros de Seattle con más de 100 partidos por jugarse en la temporada.

Pero vivimos en una nueva era en la cual todas las victorias requieren una celebración. Como mínimo, los jugadores celebran en el terreno chocando manos o puños y palmadas en el trasero. Y por un cuadrangular con las bases llenas para ganar el partido, la celebración escala con galones de Gatorade, pasteles en la cara y todo eso.

Así que cuando Kendrys Morales estaba corriendo las bases tras pegar un cuadrangluar con las bases llenas el 29 de mayo de 2010, su compañeros Angelinos lo esperaban en el plato para la fiesta. El lanzador Ervin Santana todavía lo grande y resplandeciente que era la sonrisa de Morales mientras lo esperaban para celebrar lo que hasta ese momento era el mejor momento de su carrera. Morales entró al grupo y brincó para darle punto de exclamación como si fuera Pedro Picapiedra brincando en su auto. Cuando Morales brincó, sus compañeros brincaron con él.

Y entonces cayó. Y todo lo demás también.

“Fue como si todos hubieran colapsado”, dijo Chone Figgins, de los Marineros. “Yo siempre me quedo en el terreno hasta que el oponente toca el home. Cuando el brincó, fue como si todos brincaron a la misma vez y después todos colapsaron”.

Morales había caído extraño sobre su tobillo y cayó al piso. En primera instancia, los Angelinos pensaban que estaba jugando. “¡Vamos!”, decía el mánager Mike Scioscia. “Párate, párate”. Y con lágrimas formándose en sus ojos, Morales contestó, “¡No puedo. No puedo!”.

Ahí fue que los Angelinos se dieron cuenta que no estaba jugando. Ahí fue cuando supieron que la cosa era seria. “Tenía lágrimas en los ojos”, dijo el jardinero Torii Hunter. “Para que un hombre adulto tenga lágrimas en los ojos, la cosa tiene que estar bien mal”.

Pero aún cuando a Morales lo montaron en un carrito con un tobillo tan hinchado que el lanzador Jered Weaver dijo que esta “como volando contra el viento” nadie se imaginó que sería tan serio que le tomaría dos cirugías y 22 meses — ¡casi dos años! — el poder tomar otro turno al bate en las grandes ligas o que su posición titular como primera base sería invadido por el agente libre más importante en la historia del equipo, Albert Pujols.

No se habían dado cuenta que el mejor momento de la carrera de Morales quizás fue su peor.

“Así de rápido cambió todo”, dijo Santana sonando sus dedos.

Morales nació en Cuba y era uno de los mejores jugadores de su país cuando todavía era un adolescente, bateando cuadrangulares como bateador y ponchando bateadores como lanzador. Fue el primer adolescente en llegar al Equipo Nacional en los 20 años previo a eso. Pero como le contó a Enrique Rojas, de ESPN Deportes, en el 2003 los cubanos lo sacaron del equipo porque tenían sospechas de que había contactado a un agente. Morales le dijo a Rojas que las sospechas no tenían fundamento, pero no importó. Nunca volvió a jugar con la selección cubana.

Al habérsele negado la oportunidad de jugar en Cuba, Morales invirtió el próximo año y pico buscando maneras para escapar de la isla. Desgraciadamente, su primer intento falló. Y el segundo y el tercerco. Y muchos más. Rojas reportó que Morales intentó en 12 ocasiones — y hasta fue encarcelado por lo menos una vez — antes de que a los 20 años, su barsa llegara exitosamente a las playas de Estados Unidos en el 2004.

Como ya es un costumbre para inmigrantes cubanos, Morales solicitó la resudencia en la República Dominicana, que lo dejaron entrar para convertirse en un agente libre y firmar con los Angelinos por $4.5 millones.

Ya para el 2006, Morales había llegado a las grandes ligas. Y para el 2009, era uno de los mejores bateadores de los Angelinos, promediando .306, con 34 cuadrangulares y 108 carreras empujadas a medida que los Angelinos ganaban su quinto título de la División Oeste de la Liga Americana en seis años. La temporada de 2010 comenzó con la misma promesa con Morales bateando 11 cuadrangulares y 29 carreras empujadas (para liderar el equipo) hasta tarde en mayo. Con Vladimir Guerrero fuera, Morales era ahora el mejor bateador del equipo.

Y entonces vino la lesión.

Morales dice que sabía que era serio en el momento que cayó sobre su tobillo porque “el dolor” era demasiado. El hueso se fracturó y se dislocó y seis tornillos tuvieron que ser insertados para que los huesos se fusionaras. El dice que los doctores le advirtieron que su recuperación tomaría tiempo, pero que después de la primera operación en junio, estaba esperanzado en poder regresar relativamente temprano, quizás para ayudar a los Angelinos una vez llegaran a la postemporada.

Pero los Angelinos no llegaron a los playoffs en el 2010. “Ganamos 12 partidos, pero después de 12 partidos nos dimos cuenta que no teníamos a Kendrys”, dijo Hunter. “Cuando nos enteramos que no regresaría, creo que todos estaban decepcionados”. Los Angelinos terminaron en tercer lugar con su primera temporada perdedora en siete años.

Para la primavera de 2011, Morales todavía no estaba jugando. Tomó práctica de bateo y par de turnos corriendo hacia primera base, pero algo no estaba bien. La fortaliza y movilidad de su tobillo no había regresado. Su regreso fue pospuesto y pospuesto otra vez. Se le dieron dos inyecciones de cortisona, pero ninguna fue suficiente. Un día el tobillo se sentía bien y otro día no. Los doctores lo examinaron otra vez y determinaron que Morales necesitaba otra cirugía para limpiar la coyuntura y arreglarla debidamente.

Lo operaron otra vez en mayo de 2011, casi en el día de que se cumpliera el aniversario de la lesión original. La segunda cirugía necesitó de un reemplazo de hueso y perdió el resto de la temporada.

Al mismo tiempo, los Angelinos continuaron sus problemas sin el bate de Morales. Terminaron segundos en el 2011, la primera vez que no había llegado a la postemporada en temporadas consecutivas en 11 años. Anotaron menos carreras en ambas temporadas de lo que habían anotado en las 20 temporadas previas.

“He visto lanzadores someterse a la cirugía Tommy John y quizás tomar un año o dos para que regresaran a forma, pero nunca había visto a un jugador fuera dos años”, dijo Hunter. “Estoy tratando de recordar su hubo alguien. La mayoría de los jugadores de posición, si se fracturan un pierna, regresan en 8 meses y medio. Yo me fracturé un tobillo y regresé en seis meses. Los huesos sanan. Mucha gente se fractura huesos, pero cuando se trata de ligamentos y cosas como esas, entonces es diferente. En 19 años como profesional, él es el primera. ¿Y que te dice eso? Que la lesión fue seria”.

Morales finalmente regresó a jugar a mediados de marzo con turnos al bate en partidos de ligas menores. Jugó en su primer partido en la Liga del Cactus una semana más tarde. En sus primeros 16 turnos, pegó 10 hits y dos cuadrangulares para terminar la pretemporada con promedio de .435. “Llevo mucho tiempo sentado en casa y sin poder apoyar a mis compañeros”, le dijo Morales a los periodistas. “El finalmente estar jugando e interactuar con ellos se sintió muy bien”.

“Parece que está contento. Está haciendo chistes. Creo que se siente como que puede regresar”, dijo Hunter. “El año pasado tenía dolor y estaba callado. Se le podía vez en la expresión de cuasa. Estaba decepcionado. Pero este año, está contento.

“Parece como si nunca se hubiera lesionado. Lo necesitamos en la alineaci[on. El no tiene que correr, puede trotar. Aún cuando estaba saludable cuando bateaba una roleta era un out. Un tipo como ese, un roleta, es out. Ojalá logremos que pueda correr sin dolor”.

Corriendo bien, Morales ya está lo suficientemente saludable como para que Scioscia ya pueda hacer chistes sobre el asunto diciendo que podría recordar el día que ocurrió la lesión pero “entonces tendría que pasar por terapia”.

La lesión, Morales dijo, “me enseñó a ser mentalmente fuerte. Crecí con la lesión y ahora sé que tengo que tomar las cosas paso a paso, como vienen”.

Paso a paso. Como los últimos 22 meses han demostrado, cuando una lesión es tan seria como fue esta, el progreso viene lentamente. A pesar de que ya ha corrido las bases y hecho todo lo que puede hacer sobre el tobillo, por ahora, los Angelinos estarías satisfechos si Morales no tiene que poner su tobillo a prueba más allá de trotar sobre las bases después de pegar varias dozenas de cuadrangulares.

No importa cuan bien Morales regrese ya hay algo diferente. Morales es el bateador designado. Esto es porque ser el DH le pondrá menos presión al tobillo. Más importante, los Angelinos ya tienen a alguien para que juegue primera base: a un hombre que firmaron por $241 millones en la temporada muerta.

“Cuando firmaron a Pujols, yo sabía la clase de jugador que era”, dijo Morales. “Yo se que es uno de los mejores jugadores — si no el mejor. Que es uno de los mejores bateadores, si no el mejor. Yo soy primordialmente un primera base, pero estoy listo para construir una temporada que ayude a este equipo. Soy un jugador de equipo. Yo jugaré cada vez que me den la oportunidad”.

Así que Morales será el DH y quizás le de Pujols un ocasional descanso en la primera base esta temporada. Si Morales se mantiene saludable y regresa a forama, la alineación débil de los Angelinos de los últimos dos años se ve amenzante. Especialmente si el tercera base convertido Mark Trumbo puede bajar su número de ponches y continuar con su bateo de poder. Con esa mejoría en la ofensiva y la adición de C.J. Wilson a la rotación, los Angelinos son no sólo los favoritos para ganar el Oeste de la Americana, sino también para ganar la Serie Mundial.

Y si Morales conecta otro drmático cuadrangular, bueno, es muy probable que la misma lesión horrible no vuelva a ocurrir. Los Angelinos ahora tienen una regla que no pueden salir al terreno para celebrar hasta que el jugador pise el home, o si no habrá un penalidad de una multa.


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