Marrero, el exbigleaguer más longevo

Conrado Marrero con los Senadores de Washington

Prensa Latina – El cubano Conrado Marrero cumplirá mañana 102 años, convertido en el exjugador de béisbol vivo más longevo de las Grandes Ligas y el segundo de más edad en los anales de esas lides, detrás del estadounidense Chester Cornelius Hoff.

Marrero figura en la lista de 17 antiguos jugadores de la Gran Carpa que superan la varilla del centenario, de la cual sobrevive junto al norteamericano Ace Parker, quien el 17 de mayo arribará a los 101 años.

Hoff, quien falleció a los 107 años, lanzó en sólo 23 partidos con el equipo New York Highlanders (renombrados Yankees de New York en 1913) y en cuatro temporadas tuvo discreto balance de dos éxitos y cuatro fracasos.

Mientras, el antillano -también expitcher derecho- sorprendió a críticos y periodistas cuando en 1950, con 39 años, integró la nómina de los Senadores de Washington, conjunto sotanero de la Liga Americana, y concluyó con 39 victorias y 40 derrotas en cinco temporadas.

Quienes se burlaron del “novato” pronto reconocieron que estaban en presencia de alguien capaz de triunfar en el exigente circuito, pese a su avanzada edad para un jugador de béisbol, pequeña estatura (5.7 pies) y poca velocidad en sus lanzamientos.

La revista Life, en un reportaje de cinco páginas, señaló en 1951 que su única razón para estar vistiendo un uniforme de las Ligas Mayores era “una combinación de cerebro, coraje y control”. Los incrédulos dieron por terminada su carrera en 1954, al ser cancelado su contrato por el Washington, pero los Cubans Sugar Kings, de la Liga Internacional (triple A), lo enrolaron y demostró cuán equivocados estaban quienes dudaron de sus habilidades deportivas, al ganar 10 desafíos -cinco por lechada- y perder cuatro.

Entre los numerosos elogios que recibiera Marrero durante su permanencia en las Grandes Ligas, sobresale el expresado por el extraordinario bateador zurdo Ted Williams, de los Medias Rojas de Boston, quien en 15 ocasiones se enfrentó al tirador cubano.

“Marrero es la excepción de la regla. No es frecuente para un pitcher saltar de una liga de clasificación inferior (C) como la Liga Internacional de la Florida, a las Mayores y triunfar de sopetón”, expresó.

La leyenda viva de las bolas y los strikes en su país se retiró de los diamantes en 1958, con un palmarés oficial de 367 victorias -95 sin tolerar anotaciones- y sólo 178 derrotas en 20 años de trayectoria en Cuba, México, Estados Unidos y Nicaragua.

Al debutar en 1938 en el campeonato de la Unión Atlética Amateur de Cuba con el club Casa Stany (después Cienfuegos Sport Club), pocos apostaron por el éxito del pequeño campesino, nacido el 25 de abril de 1911 en la finca El Laberinto, en la región norcentral de la isla.

Cuando abandonó las filas aficionadas, ocho años después, los escépticos creyeron que pese a sus 139 triunfos y 46 derrotas el Guajiro de El Laberinto, como comenzaron a conocerlo, no triunfaría en el exigente béisbol profesional cubano, el más fuerte del área del Caribe.

Pronto admitieron su equivocado vaticinio, porque Marrero -con 36 años- se convirtió en la estrella del equipo Almendares, el más popular de la isla, luego de su triunfal debut con los Indios de Juárez, en México en
1946.

Su estelar desempeño llamó la atención del scout Joe Cambria, quien primero lo llevó a los Havana Cubans, de la Liga Internacional de la Florida; y después a los Senadores de Washington, en las Grandes Ligas estadounidenses.

Con un magnífico control, sliders, rectas “y algunas curvitas”, como nos dijera al arribar a la centuria, el ya veterano lanzador trocó en elogios los irónicos comentarios de la prensa especializada estadounidense.

En la larga carrera deportiva de El Premier -como también se le conoció- figuran los tres juegos sin hits ni carreras en las filas aficionadas, y otro con los Havana Cubans, además de escapársele un quinto con el Washington cuando el jardinero Barney McCosky, de los Atléticos de Filadelfia, le pegó un jonrón solitario en 1951.

Al concluir en 1958 su carrera de dos décadas, el expitcher que se vanagloria de haber aprendido por su cuenta a tirar pelotas, se dedicó a impartir sus conocimientos a equipos amateurs cubanos.

En reconocimiento a su labor se le concedió el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba y, al cumplir 100 años recibió un merecido homenaje, encabezado por el bicampeón olímpico de 400 y 800 metros (en 1976), Alberto Juantorena.

Estoy orgulloso de llegar a esta edad y de vivir en Cuba, dijo en la ocasión Marrero, muy emocionado al recibir, con su nombre y el número 100 en la espalda, una camisa de la selección nacional, con la cual ganó 11 juegos y perdió cinco en series mundiales.

El pasado año reiteró a este redactor sus críticas a las deficiencias del pitcheo de su país, corroboradas con la pobre actuación en el reciente III Clásico Mundial de Béisbol, en el cual el manager Víctor Mesa se vio obligado a escoger día a día quien sería el abridor de cada partido, mientras el resto de los timoneles tenía bien definida la rotación.

En opinión del legendario exjugador, los lanzadores cubanos se enfrentan durante el torneo nacional a bateadores débiles, debido a la que consideran excesiva cantidad de equipos participantes (16) y, por ello, están en desventaja cuando participan en el Clásico, donde los contrarios son profesionales.

Aunque sin la lucidez de años recientes en que recordaba el jonrón de McCosky y otras incidencias de su larga carrera deportiva, Marrero será visitado este jueves 25 de abril por amigos y autoridades deportivas de la isla, donde el béisbol es pasión nacional.


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