Miguel Angel González en la eternidad

La Habana (PL).- En medio de la expectación por el Juego de las Estrellas, el béisbol cubano debería recordar mañana el 35 aniversario de la muerte de una de las figuras más prestigiosa de su historia, Miguel Angel “Mike” González.

Mike González se distinguió como receptor, mentor y propietario del club Habana y fue pionero entre los peloteros cubanos que jugaron en las Grandes Ligas estadounidenses.

Nació el 24 de septiembre de 1890 en el poblado de Regla, junto a la bahía de La Habana, y con apenas 14 años de edad, ya era conocido en la región por sus aptitudes para el béisbol. El reglano perteneció a la generación de la segunda década del pasado siglo, que tantas nombres legó para la posterioridad como José de la Caridad Méndez, Adolfo Luque, Armando Marsans, Rafael Almeida, Cristóbal Torriente, Julián Castillo, Alejandro Oms y muchos otros.

La difícil situación económica de la familia le obligó a combinar el béisbol con el trabajo. A diario transportaba unas 300 libras de pan en la lancha de Regla desde el Muelle de Luz para ganarse varios centavos.

Sus primeros partidos los disputó en su terruño natal, aunque de manera organizada debutó a los 20 años como torpedero del club Azul de Guanabacoa.

Después pasó al club Habana de la Liga profesional cubana, y durante mucho tiempo alternó las actuaciones con la dirección del conjunto.

Viajó a Estados Unidos con un grupo de jóvenes en mayo de 1912, para realizar una gira por varias ciudades. Allí le ofrecieron integrar el equipo Long Branch como receptor, posición que nunca había jugado en su vida.

“Quise romper con toda aquella pobreza… Mi corpulencia física y el potente brazo, unido a mi voluntad me ayudaron a pasar la prueba. La temporada fue estupenda, bateé para 333”, admitió en una entrevista concedida a la revista cubana Bohemia en 1971.

Comenzó su carrera en las Grandes Ligas en 1912, con los Bravos de Boston de la Liga Nacional y se mantuvo jugando durante 17 años. Posteriormente, vistió los uniformes de los Rojos de Cincinnati, Cardenales de San Luis (dos veces), Gigantes de Nueva York y Cachorros de Chicago.

Jugó en mil 40 encuentros y bateó para un average de 253, producto a 717 hits en dos mil 829 veces al home, incluidos 123 dobles, 19 triples, 13 cuadrangulares, 263 carreras impulsadas, 231 bases por bolas, 198 ponches y 52 bases robadas.

González participó también como jugador en la Serie Mundial de 1929, contra los Atléticos de Filadelfia, y actuó en un desafió como receptor defensivo y en otro como bateador de emergencia, conectando de 1-0.

Finalizó al frente de todos los receptores de la Liga Nacional a la defensiva, jugando para los Cachorros en 1925, 1926 y 1929 y logró igual distinción en la Asociación Americana en 1931, con el Minneapolis, antes de regresar nuevamente con los Cardenales.

A pesar de ser blanco, participó en las Ligas Negras, con el equipo mixto “Cuban Stars” y jugó algunos encuentros de 1911, 1912 y 1914.

Se retiró en el Columbus de triple A, en 1933, y los directivos prefirieron mantenerlo en la organización de los Cardenales y lo nombraron coach. Más tarde se convirtió en el primer latinoamericano en dirigir de modo interino en las Grandes Ligas, cuando lo hizo con el San Luis en 1938, con récord de ocho-ocho y en 1940, con marca de 1-5.

En esta labor su nombre acaparó titulares de primera plana en los principales diarios estadounidenses, luego de que una decisión suya en la línea de tercera dio el triunfo a los Cardenales sobre los Medias Rojas de Boston en la Serie Mundial de 1946.

“Estábamos en la parte alta de la novena entrada, había dos outs, y el choque se encontraba empatado a tres. Nosotros teníamos embasado en primera base a un corredor muy veloz, Enos Slaughter. Harry Walker conectó una línea aflaizada entre left y center . Slaughter había salido con el batazo y dobló como un bólido por segunda”, recordó González a Bohemia.

Según el cubano, él se percató que la devolución del jardinero izquierdo Ted Williams al torpedero Joe Pesky fue algo demorada y de inmediato le hizo señas a Enos para que siguiera para el plato y debido a la sorpresa el tiro fue desviado.

En Cuba, González sentó cátedra, desde que debutó con el Fe en 1910, con quien jugó nuevamente en 1912, después de vestir la franela del Habana en 1910-11. En 1913 regreso con los Rojos hasta el final de su carrera de 22 años.

Participó en 370 encuentros, con 290 de average, producto de 487 hits en mil 679 oportunidades al plato, acompañado de 55 dobles, 20 triples, 12 cuadrangulares y 83 estafas. En el campeonato de 1932-33 encabezó a los bateadores con un promedio ofensivo de 432.

Como manager del club Habana, ganó su primer campeonato en 1914-15, con récord de 23-11. Posteriormente conquistó otros 13 banderines, para un total de 14, la mayor cantidad jamás lograda por un director de equipo en la Liga Cubana, el último de ellos lo conquistó en 1952-53.

En 1947, adquirió todas las acciones del Habana, uno de los equipos más querido por la afición cubana, convirtiéndose en el dueño absoluto del conjunto gracias a las estrechas relaciones sostenida con los propietarios y gerentes de las Ligas Mayores.

El triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 significó para él un adverso golpe económico, pues abolió en 1961 el béisbol profesional. Sin embargo, jamás abandonó el país y rechazó infinidad de ofertas en tal sentido.

Tampoco estuvo ajeno al desarrollo de la nueva etapa surgida a partir de la inauguración de la I Serie Nacional (1962) y ya en l971, después de finalizada la remodelación del estadio Latinoamericano asistió a la reinauguración del parque, con motivo de la 19 Serie Mundial Amateur.

Falleció el 19 de febrero de 1997 en La Habana y un día después se efectuó su sepelio en la ciudad de Matanzas, donde quedó inaugurado el parque Victoria de Girón con la apertura de la III Serie Selectiva.

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