Muñoz. La esencia del bateador natural

Antonio Muñoz Hernández es, sin dudarlo, el más grande bateador natural que ha desfilado por las series nacionales del béisbol cubano.

Oriundo del barrio de El Condado, provincia de Sancti Spíritus -nació el 17 de enero de 1947- Muñoz fue descubierto en medio de las lomas del Escambray por el insigne hombre del béisbol de la Isla, Pedro Natilla Jiménez.

Inmediatamente insertado con los Azucareros en la Serie Nacional 1968-1969, el número 5 fue colocado en el jardín central de dicha formación, y el veintiañero debutante se graduó con más glorias que penas dentro del equipo campeón.

De somatotipo impresionante -1,91 metros de estatura y 210 libras de peso-, Muñoz debió adaptarse a batear el fuerte pitcheo de entonces, y a mejorar su accionar a la defensa.

La Serie de los 10 Millones en 1970 constituyó el detonante que abrió las puertas de la consagración del Gigante del Escambray , al liderar el departamento de los triples.

En la temporada nacional 1970-1971, los 19 biangulares bateados por el espirituano lideró ese apartado-, resultaron la demostración de su clase; ese año anotó más carreras que todos -51-, y los lanzadores lo transfirieron en 66 oportunidades.

En la lid 1973-1974, el ya muy temido zurdo, anotó 54 veces, botó 19 pelotas, impulsó a 68 corredores en base, y fue boleado en 66 ocasiones con 15 transferencias intencionales para encabezar cada uno de esos renglones. Tal actuación le valió para ser seleccionado el Jugador Más Valioso.

En el torneo 1975-1976 -de 39 desafíos-, el estelar inicialista volvió a topar los jonrones (13), así como las impulsadas (35); lo cual tuvo como colofón la Segunda Selectiva (1976) con el combinado de Las Villas: 12 vuelacercas, igual número de dobletes y 45 carreras anotadas.

La primera oportunidad del recio toletero en Campeonatos Mundiales tuvo lugar en Barranquilla, Colombia, en 1976. Su promedio general en dicho certamen fue .308.

La presencia del portento no se hizo esperar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín-1978, certamen que concluyó con un astronómico .690, gracias a 20 imparables en 29 viajes al rectángulo, ocho cuadrangulares y 18 carreras empujadas. Fue el líder inigualable de aquella contienda.

En la XXV Copa Mundial celebrada en Italia sumó un octeto de jonrones, 14 anotadas y 18 impulsadas con promedio de .406 para erigirse en el Jugador Más Valioso (JMV).

De vuelta a Cuba, la labor rendida por Muñoz en la V Selectiva (1979) fue inconmensurable: impulsó 67 carreras, pisó el plato 52 veces y jonroneó en 25 ocasiones; a solo tres de la marca implantada por Pedro José Cheito Rodríguez con 28 un año antes.

No menos desbordado estuvo el Hijo Ilustre de Condado en la sexta edición selectiva de 1980, al quedar a la cabeza en cuatriesquinazos (18) y empujó 67.

Todavía se recuerda su paso por el Mundial de Japón en 1980 por su jonrón decisivo en el estadio Korakuen para respaldar el soberbio trabajo de Braudilio Vinent en la victoria 1-0 de la formación cubana frente a los nipones.

En ese torneo de 12 contendientes, ganado por la selección cubana, Muñoz otra vez resultó el JMV, con siete vuelacercas y 19 hombres llevados hacia el home plate.

Su última aparición con el equipo Cuba la realizó con motivo de la Copa Intercontinental desarrollada en La Habana, en la cual conectó un incogible en siete veces. Su retiro ocurrió el 23 de marzo de 1992.

Ya entonces había archivado una foja de 24 temporadas en las que promedió .302 como resultado de 2 mil 014 imparables en 6 mil 676 veces al bate; de ellos, 355 fueron dobletes, 45 triples y 370 cuadrangulares.

Su slugging general llegó a .535, y solo se ponchó en 875 ocasiones, al tiempo que le concedieron mil 551 transferencias.

Fuente: Prensa Latina

Related posts

Deja un comentario