Norberto González, en el espejo de Changa

El día que se encontró en las páginas de un libro con la imagen y la leyenda de Santiago “Changa” Mederos, el niño cubano Norberto González decidió el camino a seguir, iba a ser pitcher como su estelar compatriota.

Era tan zurdo como el pequeño lanzador que hizo historia entre las décadas de los años 60 y los 70, tanto con la casaca marrón del Habana, la azul de los Industriales y la tricolor de la Isla, y para honrar a su ídolo escogió como único número posible el 32 en su dorsal.

Con 21 presencias internacionales, desde la categoría cadetes hasta la selección absoluta, y 12 títulos, incluido el olímpico en Atenas-2004, a los 31 años González acaba de añadir a su palmarés el liderato en ganados y perdidos (13-2) de la Serie Nacional en su edición de Oro (50).

Tal actuación significó el 22 por ciento de las victorias que convirtieron a los Elefantes de Cienfuegos en el equipo más ganador entre los 16 de la liga, en su etapa clasificatoria de 90 partidos.

El zurdo de 98 kilos empaquetados en un metro y 84 centímetros llegó a eslabonar una cadena de ocho triunfos al hilo, sin conocer la derrota en la primera mitad del campeonato, tramo en el cual el equipo de Cienfuegos se robó la arrancada.

A los 11 años dio sus primeros pasos en el diamante de una academia infantil en esta su ciudad natal, a unos 250 kilómetros al sudeste de La Habana.

Por esa época otro jugador marcado con el 32, el mítico jardinero central Víctor Mesa, encandilaba a los niños de la Isla, que en su mayoría siempre quieren ser peloteros, como futbolistas los brasileños.

Norberto tenía como lectura favorita aquel texto encontrado al azar en el librero de su padre, que hablaba del Mundial de Béisbol Cuba-1971 y reflejaba la actuación de Mederos, el pitcher de la curva endemoniada y los spikes mejor lustrados que jamás pisaron un diamante.

Luego se enteró de que cuando él apenas tenía dos meses y una semana de nacido, un accidente de tránsito dio el pase a la inmortalidad a su espejo humano, el 17 de diciembre de 1979.

El jugador recuerda con agrado su paso por la categoría de cadetes (15-16 años), momento en el que junto a los jugadores de cuadro Joan Carlos Pedroso y Michel Enríquez, más el receptor Yosvani Peraza, fue convocado a entrenar durante un curso académico con atletas de la juvenil (17-18) en el principal centro nacional del alto rendimiento.

Los cuatro integraron durante la última década muchas de las nóminas de la selección nacional de mayores, con la cual González debutó en un torneo oficial de la máxima jerarquía en los Juegos Olímpicos de la capital griega, donde su brazo izquierdo contribuyó a la última de las tres medallas de oro de Cuba en esas lides.

Desde su inclusión en el equipo que ganó el Mundial Universitario con sede en Estados Unidos-2000, su nombre sólo quedó fuera de dos convocatorias importantes, los Juegos Panamericanos de Santo Domingo-2003 y la Copa Intercontinental de Taichung, China Taipei, en el último otoño.

LA FUERZA CON QUE TE PROPONGAS LAS COSAS

En su diálogo con Prensa Latina el pitcher que muestra un récord de 122 victorias y 103 derrotas en 14 Series Nacionales, comentó lo traumático de su llegada a ese nivel de la alta competición con la novena de Cienfuegos para la temporada 1997-1998, porque en los peldaños inferiores estaba acostumbrado a lanzar casi todos los días y ahora veía la mayor parte de los innings desde el banco.

A la siguiente el manager Francisco Cantero y el entrenador de pitcheo Adeivis Manso, me dijeron: Usted es quien va a abrir aquí todos los domingos, pase lo que pase, hasta que se haga pitcher , y gracias a tal decisión me convertí en lanzador, de verdad, rememora quien se ha convertido en uno de los habituales del llamado Equipo Grande, como los cubanos se refieren a su selección de mayores.

De su faena con los Elefantes también recuerda con cariño la temporada de 2007-2008 cuando el mentor Dessy Lomba le encargó la tarea de relevar y su trabajo en el bullpen lo validó con una docena de triunfos.

Esa misma polivalencia del jugador, capaz de abrir, relevar y cerrar, ha sido aprovechada en el equipo Cuba, con el que se enorgullece de nunca haber fallado cuando le encargaron la apertura, pero reconoce que lo más complicado del pitcheo resulta venir desde el bullpen.

González no entiende por qué tanta gente se desgasta discutiendo acerca de la especialización de los serpentineros, porque quien es pitcher de verdad y tiene la mente tan preparada como el brazo puede ejercer cualquiera de los tres oficios .

A lo hora de seleccionar el juego de su vida no duda en señalar la final olímpica de Beijing-2008, aunque paradójicamente la perdió. En el primer capítulo el cuarto bate surcoreano Lee Seungyuop le dio un jonrón luego de un fly que cayó a tierra por una imprecisión de la defensa, de ahí en adelante maniató a los asiáticos.

Sobre futuras metas individuales apuntó las 139 victorias de su amigo Adiel Palma, el máximo ganador de los paquidermos en campeonatos de Cuba, y después ya intentaría redondear las 150.

Cuando llegue el momento inevitable del adiós a la goma de lanzar lo tiene bien pensado: prefiere ser director de equipo, con todas las complicaciones que le puede acarrear la responsabilidad, antes que entrenador de pitcheo.

Mientras se sabe líder de los Elefantes y asume el papel porque es de quienes predican con el ejemplo, “sus muchachos” lo siguen y él trata de inculcarles que el éxito siempre dependerá de la fuerza con que te propongas las cosas.

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