Pitcheo cubano actual: Asignatura pendiente

Casi desde los albores del béisbol en Cuba, el pitcheo siempre estuvo entre las áreas más notables debido a la calidad de los que se desempeñaban en la lomita.

Salen a colación nombres como Adolfo Luque, el primer gran as latinoamericano en las ligas mayores; y José de la Caridad Méndez, domador de conjuntos bien establecidos de Grandes Ligas en 1908.

Llegó posteriormente Martín Dihigo, el mejor pelotero cubano de todos los tiempos, y no se olvida, entre otros a Conrado Marrero, ya próximo al arribo de su primer centenario de vida el 25 de abril, quien hizo del control y la inteligencia un magisterio.

Asimismo, desfilaron por el montículo, en periodos sucesivos, figuras como Pedro “Natilla” Jiménez, Ramón Bragaña, “Cocaína” García, “Jiquí” Moreno, Camilo Pascual y, muchos otros, quienes desgranaron clase desde el departamento que contribuye al 75 % del éxito en un choque beisbolero.

Erradicada la pelota profesional se dieron a conocer Manuel “El Cobrero” Alarcón, Modesto Verdura, Aquino Abreu, Manuel Hurtado, Gaspar “Curro” Pérez, Raúl “Guagüita” López, Braudilio Vinent, Santiago “Changa” Mederos, Julio Romero, Jorge Luís “Tati” Valdes, Rogelio García, Norge Luís Vera y Pedro Lúis Lazo, entre otros.

Todos ellos, junto a otros no mencionados, han dado prestigio al renglón del pitcheo patrio, que se ha visto retribuido con gran cantidad de trofeos, copas y medallas logradas a todos los niveles, y en los que el elenco de lanzadores siempre desempeñó un papel extraordinario.

Sin embargo, esa alta evaluación de nuestros lanzadores ha ido mermando en los últimos tiempos, para lo que se esgrimen múltiples causas: pelota muy viva, sobreentrenamiento, brazos lastimados, innumerables partidos y poco descanso, entre muchas otras razones.

La realidad es que, salvo excepciones, los serpentineros cubanos son tan despiadadamente castigados que en la actual Serie de Oro 2010-11, 70 toleteros, conectan para promedios por encima de los 300, cifra inverosímil teniendo en cuenta la sostenida calidad de la pelota cubana.

Por supuesto, ante tan colosal ataque, los tiradores parecen no tener arsenal para contrarrestarlo, por lo que la “efectividad” general de tan vital departamento ascendía a un increíble 5.24 en Por ciento de Carreras Limpias PCL) el 10 de marzo de 2011.

Actualmente, los marcadores desproporcionados aderezados con knock-outs y super-knockouts están a la orden del día, las lechadas son una rareza, y solo un lanzador ronda menos de 2.00 PCL- Freddy Asiel Álvarez-, a punto de finalizar el campeonato.

Al echar un vistazo a los datos de la Serie 1968-69, es sorprendente que entonces los pitchers de Industriales quedaran al frente tras 101 partidos con 2.19; mientras que los del sotanero Camagüey lo hicieron para el hoy impensable 3.78.

Hubo solo nueve bateadores por encima de .300, encabezados por Wilfredo Sánchez (.354); Roberto Valdés (1.03) lideró a los lanzadores, pero 11 de ellos bajaron de 2.00 y 23 trabajaron para menos de 3.00 PCL.

Un dato es revelador: de los 369 tiradores que trabajaron en todas las Series Nacionales hasta entonces, solo 27 tiraron para promedios superiores 5,00 PCL, la norma actual.

Muchas cosas conspiran ante tal estado de cosas. Simplemente, el desarrollo del pensamiento técnico-táctico de nuestros tiradores es casi nulo.

Eso explica porqué mucho de los jonrones conectados han sido en conteo de dos strikes, y el lanzador intentando repetir el mismo envío veloz para pasar al bateador.

Bien valdría la pena revisar el legado de los grandes de antaño.

Conrado Marrero, aún con plena lucidez, plantea que lo principal es trabajar sobre el control, que se adquiere perfeccionando los movimientos y favorece la caída una vez realizado el envío.

Marrero nunca hizo pesas. Su consistencia la adquirió con el fortalecimiento de las piernas y haciendo carreras de velocidad principalmente.

Otro grande, Manuel Alarcón dijo: “El todo de un pitcher está en saber manejar las pulgadas de la tabla de pitcheo. Según te coloques ahí puedes tener o no control, poner la bola donde quiere y trabajar con los pies en el wind-up; tenía tanto control sobre mi curva, que podía tirarla en cualquier conteo, pues siempre sabía donde iba a caer”.

Los relevistas han sido los dolientes principales, pues andan por un nada envidiable 5.48 (PCL). Raúl “Guagüita” López señaló en una ocasión: “Hay que correr mucho y hacer ejercicios sean abridores o relevistas. No estoy de acuerdo con hacer pesas. Nunca tuvieron que darme masaje en los brazos, y eso que pitcheaba todos los días”.

La reducción de la zona de strike hace que los bateadores hagan sus swings avisados con la certeza de que el pitcher debe acercarse a la zona que canta el oficial.

Tenemos lanzadores jóvenes de físico y velocidad envidiables, pero sin desarrollo del pensamiento técnico-táctico. Urge recuperar el sitial que el pitcheo ostentó hasta fechas recientes. Resta, pues, trabajar en pos de ese objetivo.

Fuente: Prensa Latina

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