Un inmortal dice adiós al béisbol activo

El estelar derecho Pedro Luis Lazo dirá hoy adiós al deporte activo en su natal Pinar del Río, dejando atrás una carrera marcada por épicos triunfos y una cubanía excepcional.

A sus 37 años y con 20 temporadas en sus costillas, el rascacielos de Río Feo decidió alejarse de su gran pasión, el béisbol, con el tino de un retiro a tiempo, pero con la nostalgia de un irrevocable nunca más.

Se que va a ser duro, la emoción será fuerte, pero me adaptaré. Si me salen lágrimas…, así será, este momento es como la presión que sientes cuando tienes que decidir un juego para ganar el campeonato, ya sea mundial, olímpico o con tu equipo de la provincia, dijo Lazo, en entrevista publicada este viernes en el sitio digital JIT.

El fenomenal serpentinero pinareño, indiscutible en el listado de los 10 mejores lanzadores de todos los tiempos en el país, ostenta el título de máximo ganador del béisbol cubano, con 257 triunfos.

Además presume de la extravagante cifra de dos mil 426 ponches propinados, segundo de por vida en ese espectacular casillero, solo superado por el legendario Rogelio García (2499).

Lazo, asimismo, es el único pitcher en el mundo que ha participado en cuatro Juegos Olímpicos, con preseas áureas en las citas de Atlanta-1996 y Atenas-2004, y segundos lugares en Sydney-2000 y Beijing-2008.

Sin embargo, su momento cumbre llegó en 2006, cuando guió a Cuba hasta la final de la primera edición del Clásico Mundial, doblegando en el camino a novenas compuestas por grandes astros de primer nivel mundial, que brillaban en los mejores campeonatos del planeta.

Allí, su más brillante faena la desplegó en la ronda semifinal, cuando Cuba enfrentó y derrotó al poderoso equipo de República Dominicana, erigiéndose máxima figura del partido, al dominar a los David Ortiz, Albert Pujols, Alfonso Soriano y compañía, todos megaestrellas en las Grandes Ligas estadounidenses.

A nivel internacional, Lazo archivó una astronómica cantidad de 28 victorias, y solo compiló dos derrotas, evidenciando una impresionante superioridad sobre sus adversarios, sean amateurs o profesionales.

Sus endemoniadas rectas y vertiginosas sliders, su carisma, y su enorme tabaco criollo, vivirán en la memoria de sus fanáticos, empero ese genio innato para lanzar deberá ser estudiado por las futuras generaciones de entrenadores y pitchers, como asignatura básica.

Este temerario tirador, impávido ante cualquier situación de peligro, dejará su huella bien profunda en el corazón de todos los cubanos y siempre será recordado como uno de los inmortales de la pelota nacional, el Lazo de la gente.

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