Wilfredo Sánchez. El hit en tiempo de pitcheo

El bien llamado “Gamo de Jovellanos”, Wilfredo Sánchez González, fue, sin dudas, el jugador más destacado en la producción de imparables en la etapa romántica de la pelota cubana moderna: aquella correspondiente a las primeras series nacionales.

Nacido el 10 de enero de 1948, en la localidad matancera antes mencionada, el veloz jardinero, que bateaba y tiraba a la zurda, ya había sentado cátedra en el Campeonato Nacional Juvenil de 1966.

Entre los jóvenes, Sánchez discutió el liderato de bateo con Rodolfo Puente, quien finalmente se llevó el mismo. Aun así, el yumurino envió una señal premonitoria: quedó al frente en la conexión de imparables y anotación de carreras.

Ya en ese momento, el muchacho enseñaba muy buen tacto, dominio en la mecánica de bateo, y gran velocidad en las bases.

Con tantos puntos a su favor, el joven, quien procedía de una familia eminentemente beisbolera, recibió el visto bueno para su ingreso a la VI Serie Nacional de Béisbol con el conjunto de Centrales.

La alineación de dicha escuadra contaba con hombres como Edwin Walter, Jesús Oviedo, Owen Blandino e Inocente Miranda, entre otros, y Sánchez fue insertado en ella en calidad de cuarto jardinero.

Comenzada la temporada, fue precisamente una enfermedad del gigante Walter, en el juego 14, lo que posibilitó la inclusión definitiva en la tanda del hasta entonces cuarto guardabosque.

Wilfredo no desaprovechó la confianza depositada en él por su piloto Asdrúbal Baró, y conectó de 5-4 frente al estelar pitcher oriental Justino Gavilán en su primer desafío.

Así comenzó su saga en los campeonatos cubanos y se anexó su primer liderazgo de bateo en la Serie 1968-69, de 99 desafíos, con excelso .354 de average.

Y tan memorable resultó su actuación que la marca de 140 indiscutibles se mantuvo incólume durante 30 años hasta que Michel Henríquez la pulverizó; mientras los 13 triples se han erguido imbatibles hasta nuestros días. Tal hazaña se trocó en su primer galardón como Jugador Más Valioso (JMV).

A todas luces, el veloz pelotero se había convertido ya en el mejor hombre proa de la pelota cubana, lo cual se corroboró cuando en la IX Serie, de 65 choques, encabezó a todos los toleteros con .351, producto de 98 inatrapables -tope del torneo- en 279 veces al bate, amén de liderar las anotadas (46) y las bases robadas.

Sin embargo, no le fue fácil acceder a la formación nacional para su participación en eventos foráneos, lo cual se hizo realidad, por vez primera, con motivo de los XI Juegos Centroamericanos celebrados en Panamá.

Su bautismo en esas lides fue por la puerta ancha al conectar para .394 general, y quedar junto con Félix Isasi y Fermín Laffita como máximos robadores de base con cinco.

De regreso a Cuba, Wilfredo volvió por sus fueros en la Serie de los 10 Millones en 1970, en la que copó los mayores honores ofensivos con astronómico .367 como resultado de 116 hits -líder–, en 316 viajes al cajón de bateo. Sus 47 carreras fueron insuperables también.

Su participación en la Serie Mundial de Cartagena, aquella en la cual José Antonio Huelga se erigió como héroe al derrotar dos veces a la fuerte escuadra estadounidense, no se hizo esperar.

En ella, el yumurino blandió el madero de tal forma que concluyó como puntero en incogibles, junto con el colombiano Abel Leal, con 20.

El average del mosquetero en el evento se elevó hasta .413, y hubo un hecho trascendente: fue el único bateador cubano capaz de embasarse ante el estelar serpentinero norteamericano Burt Hooton mediante un hit de piernas.

Dueño del número 19, Wilfredo era igualmente un magnífico tocador de bolas; dueño de un excelente tacto se ponchó solo en 390 oportunidades en seis mil 565 comparecencias

En los Juegos Panamericanos de Cali-71 compiló .333, aderezado con las coronas en triples -dos– y carreras empujadas, igualado con 10 con Armando Capiró.

Durante las campañas nacionales 1971-72 (Henequeneros) y 1972-73 (Matanzas), volvió a comandar en imparables con 90 y 95 respectivamente; y otro tanto hizo en la XX Serie Mundial de Managua, Nicaragua, en 1972, con 29 indiscutibles, tres “tribeyes” y anotar 22 carreras.

La Serie Mundial de La Habana resultó una nueva demostración de su velocidad con el aval de nueve bases estafadas.

El período 1974-1975 no fue productivo para el “Gamo” a pesar de escamotear 14 bases en la SN, pues en los Panamericanos México-75 su .190 de promedio estuvo muy lejos de sus registros señeros. Incluso, la I Serie Selectiva no lo vio brillar a plena capacidad.

Esa imagen improductiva desapareció en la SN 1975-1976. Con el equipo Citricultores terminó como líder bateador (.365), hits (62) y robadas (12) en 39 confrontaciones.

En su II Selectiva marcó el paso en hits (66), triples (6) y 18 estafas con Matanzas. A esto siguió la Serie Mundial Italia-1978, en la que sus 12 indiscutibles fueron soberanos.

Su indiscutible número 1 000 lo conectó el 16 de marzo de 1977 y su cuarto título de bateo lo archivó en 1978-1979, mediante 80 incogibles en 212 turnos para 377. Se convirtió así Wilfredo en el primer atleta que ha compilado tres pergaminos como JMV, un hito solo igualado por Omar Linares años después.

La XXIII Serie Nacional le otorgó su quinto liderato en bateo con el equipo Citricultores, .375 (79 imparables en 205 turnos al bate) y el 19 de enero de 1985 pegó su jit número 2 000 ante Osvaldo Duvergel, para convertirse en el primero en llegar a esa cota.

“Artífice del hit”, el yumurino compiló dos mil 174 imparables de los cuales 228 fueron dobletes, 69 triples y 16 jonrones. Anotó 891 carreras, robó 339 almohadillas y solo fue prendido en 192 ocasiones. Se retiró del deporte activo en 1986.

Fuente: Prensa Latina

Related posts

1 Comment

Deja un comentario